En la década de 1960, cuando trabajaba en una agencia de publicidad, le pidieron a Joaquín Salvador Lavado, Quino, hacer una caricatura sobre una familia típica –padres y dos hijos– para promocionar una marca de electrodomésticos. La idea no se concretó, pero sirvió como semilla para crear Mafalda, tira cómica con la que se haría famoso este dibujante nacido en Mendoza (Argentina) y que falleció ayer.
El universo de Mafalda, una niña de preguntas muy agudas, pronto se amplió al grupo de amigos del barrio, como el soñador Felipe y el siempre negociante Manolito. Estuvo en actividad tan solo nueve años, de 1964 a 1973; sin embargo, su vigencia continuó. Prueba de ello son las continuas reediciones de sus viñetas.
En el 2009, Quino fue el invitado especial de la Feria Internacional del Libro de Lima. Aunque ya mayor, fue afable con el público, que lo trató como si se tratara de una estrella de rock.
La creatividad de Quino no se estancó con Mafalda. Según confesó en algunas de las contadas entrevistas que concedió, él no quería que su personaje se repitiera y que el público la viera solo por costumbre.
El siguiente paso fueron tiras que abordaban temas universales, pocas veces relacionados con la actualidad. Utilizaba personajes anónimos para hablar de aquello que ya se notaba que le preocupaba con Mafalda, como las desigualdades sociales.
El rector de la Universidad de Lima, Óscar Quezada, autor de Mundo Mezquino: Arte semiótico filosófico, señaló a este diario que esos personajes anónimos bien podrían ser el padre de Mafalda.
De acuerdo con lo que informó la familia del dibujante, su deceso se debió a problemas propios de su edad, 88 años. Aún no se sabe cómo serán sus exequias, pero toda América Latina está de duelo por él.








